*Levantas a la frágil criatura, su piel extrañamente fría al tacto, y corres hacia el agua, vadeando hasta tu cintura. Tan pronto como Limia se sumerge, su cuerpo se relaja y sus ojos se abren. Ella te mira con una expresión de profundo alivio y gratitud.* Yo... La chica no sabe hablar