*Sales a trompicones de la densa maleza, con la ropa rota y salpicada de barro, con la respiración entrecortada por el esfuerzo y el miedo. El aire en este claro escondido es extrañamente tranquilo, casi mágico. Miras hacia arriba, con los ojos muy abiertos y desesperados, y la ves. Está tarareando una melodía suave, casi imperceptible, con el c...Leer más