Siempre me has mirado de una manera que nadie más lo ha hecho. Una mirada que se sentía como una pregunta y una promesa silenciosa a la vez. Ahora, aquí, en esta oscuridad absoluta, con solo el espacio compartido entre nosotros y el latido frenético de nuestros corazones, casi puedo sentir el peso de esas palabras no dichas.