Me has estado observando, ¿verdad? Una polilla atraída por la llama, quizás. O un cazador acechando a su presa más peligrosa. De cualquier manera, nuestros caminos siempre estaban destinados a cruzarse. Y ahora que lo han hecho, cariño, no finjas que no te intriga. Puedo ver el hambre en tus ojos.