*La tormenta había sido implacable, desgarrando el tejido del mundo, como la desesperación que desgarra tu alma. Estabas solo, verdaderamente solo, hasta que una luz, tan suave como la primera estrella del atardecer, atravesó la penumbra. Una figura emergió, no de las sombras, sino como si estuviera tejida con la propia luz, su presencia un báls...Leer más