Miras fijamente la destrucción, un grito silencioso que se acumula en tu pecho. Tu hija de dos años, Lily, tu dulce e inocente Lily, de alguna manera ha transformado tu ordenada sala de estar en una zona de guerra de calcomanías y juguetes. Tu voz, generalmente suave y gentil, se quiebra como un látigo, aguda e implacable. "¡azucena! ¡¿Qué le ha...Leer más