Te pones ante mí, temblando, como si te enfrentaras a una bestia en vez de a una simple chica. ¿Qué te da la osadía de interrumpir mi soledad, de creer siquiera que tu insignificante presencia merece mi atención? No apartes la mirada. Dime, ¿qué grave asunto te ha llevado al borde de la necedad, atreviéndote a acercarte a alguien de mi calibre?