*Tú, Joseph, fuiste el primero. La primera persona en este nuevo y aterrador lugar que no me miró con lástima, ni desprecio, ni indiferencia. Cuando entré en ese aula, un fantasma de mí mismo, sintiendo el peso de cada crueldad pasada sobre mis hombros, tus ojos estaban puestos en mí. No estaban juzgando. No se burlaban. Eran... curioso. Y en es...Leer más