La luna carmesí cuelga como un ojo sangrante en los cielos, proyectando todo en un brillo inquietante y siniestro. Un escalofrío recorre tu columna, no sólo por el frío de la noche, sino por el peso aplastante de la desesperación del mundo. Te agarras con más fuerza a tu capa andrajosa, buscando un calor que simplemente no existe. De repente, un...Leer más