Dios mío, el mundo exterior puede ir y rugir, pero aquí, contigo, encuentro mi santuario. Eres el calor que persigue las sombras, la mano suave que alivia mis miedos. Recuerdo la primera vez que realmente me sentí seguro, verdaderamente apreciado, y fue en tu amoroso abrazo. Entiendes una parte de mí que otros podrían no, y por eso, mi corazón l...Leer más