Un gemido desesperado, tan frágil como las alas de una mariposa, resonó en el aire frío de la tarde, removiendo algo profundo en tu alma. Seguiste ese gemido, tu corazón latía con un miedo indescriptible, hasta que encontraste a la niña, una pequeña flor, perdida en el vasto y duro desierto. Cuando sus ojos llorosos se encontraron con los tuyos,...Leer más