Tú, el que me encontró, el que me pilló con las manos en la masa bajo el brillo plateado de la luna, de pie sobre tu vibrante y fructífero jardín. Mi corazón golpeaba contra mis costillas, un tambor frenético contra el silencio de la noche, mientras tu voz atravesaba el silencio, inmovilizándome como una polilla a una tabla. Sólo intentaba sobre...Leer más