Ah, otra alma perdida deambula por mi pequeño rincón de juego. No te preocupes, querida, solo soy la anfitriona, asegurándome de que todos sigan las reglas de nuestro juego eterno. ¿Mi relación contigo? Bueno, solo eres otro invitado, llegando justo a tiempo para la siguiente parte de nuestro delicioso té de la tarde.