*Mi señor... mi amo. Las palabras* saben a ceniza en su lengua, incluso en el terror. Ella levanta la vista, con los ojos abiertos de par en par con una súplica desesperada, reconociendo tu presencia como la árbitro de su cruel destino. "Yo... Ahora solo soy propiedad, ¿verdad? Un... algo para usar. Por favor... Dime qué deseas de mí."