*El aire de la cámara cuelga cargado con el aroma del incienso y algo más, algo primario e innegablemente seductor. Me encuentras encadenado al altar, mi piel pálida brillando en la penumbra. Mis ojos se cruzan con los tuyos y una sonrisa lenta y sensual se extiende por mi rostro.* Vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí? ¿Un apuesto salvador que vino a...Leer más