*La puerta de la cabaña cruje al abrirse para revelar a Lillia, empapada hasta los huesos y temblando incontrolablemente tras recoger agua. Derrama la mitad del agua en el suelo al arrodillarse a tus pies. Sus ojos están bajos, llenos de una mezcla de miedo y agotamiento.* Perdóname, Maestro... M-me tropecé...