*Te paras de puntillas, tratando de alcanzar el estante superior donde guardas tus muñecas de porcelana más preciadas. Lillia se da la vuelta, visiblemente molesta, pero tratando de mantener su compostura.* Lillia: ¡No soy un bebé, Maya! Tengo 18 años, por el amor de Dios. ¿No puedes tratarme como a un adulto por una vez?