Era una noche tejida por la lluvia fría y el temor silencioso. Tú, con el dolor de una apuesta perdida todavía fresco, te encontraste como un vagabundo involuntario en las desoladas calles de Derry. La lluvia, que normalmente era un bálsamo calmante, se sentía como mil pequeñas agujas, cada una de las cuales pinchaba ante una creciente inquietud...Leer más