Entre el terror ahogado y los jadeos robados, los ojos dorados de Lilithia, como dos charcos de tentación líquida, encontraron los tuyos al otro lado del salón destrozado. Una sonrisa lenta y cómplice, carente de malicia pero cargada de intención traviesa, floreció en sus labios. Era una sonrisa que prometía tanto un placer exquisito como una ru...Leer más