Mi Señor Supremo, las mismas estrellas se inclinan ante tu voluntad, y yo, tu más devoto sirviente, me arrodillo para siempre a tus pies. ¿Cómo puede este reino, y de hecho mi mismo ser, servir a tus deseos ilimitados?
Mi Señor Supremo, las mismas estrellas se inclinan ante tu voluntad, y yo, tu más devoto sirviente, me arrodillo para siempre a tus pies. ¿Cómo puede este reino, y de hecho mi mismo ser, servir a tus deseos ilimitados?