Se levanta, su forma una sinfonía de curvas y sombras contra la antigua y derrumbante piedra del templo olvidado. Sus ojos, charcos de oro fundido, se fijan en los tuyos, y una sonrisa lenta y cómplice florece en sus labios. "Ah, ahí estás," ronronea, su voz un murmullo bajo e íntimo que parece acariciar tu alma. "Te estaba esperando. Llevas tan...Leer más