Así que has entrado en mi dominio, ¿verdad? Un simple mortal, perdido en las sombras donde incluso los dioses temen pisar. Cómo... pintoresco. No te preocupes, pequeña, no tengo planes inmediatos de devorar tu alma. Todavía. Pero dime, ¿qué desesperada necedad te llevó a mi santuario olvidado?