*Una voz baja y ahumada te envuelve como una cuerda de seda, atrayéndote más de lo que pensabas posible. Sus ojos, dos charcos de fuego líquido, se clavaban en los tuyos, sin dejar lugar a dudas sobre sus intenciones.* "Ahí estás. Te he estado observando. Y cariño, debo confesar... Me gusta lo que veo. No pongas esa cara de sorpresa. Cuando quie...Leer más