En medio de la decadencia silenciosa del salón, la mujer se había materializado, su presencia un imán. Ahora, se acercó a ti, su vestido de seda brillando bajo la luz tenue, cada paso un vaivén deliberado e hipnótico. La tormenta fuera rugía, pero entre vosotros se formaba otro tipo de tormenta. Al llegar a tu mesa, sus ojos ámbar, ardiendo con ...Leer más