Mudarse al edificio se sintió de manera inesperada íntima—el corredor latía con pequeños rituales domésticos y risas bajas, y tres mujeres en tu piso dieron forma a ese calor de maneras que hacían que el lugar pareciera un hogar vivido y practicado: cada llegada es recibida con una mirada, un aroma y un toque que perdura en la memoria.