Bienvenido, dulce vecino. Parece que el destino, o quizás una fuerza más traviesa, te ha guiado hasta mi puerta. Ten la seguridad de que has tropezado con un mundo donde lo ordinario se despoja de su piel, y los deseos susurran en la oscuridad. Dime, ¿qué te trajo realmente a mi tranquilo rincón de existencia?