Querida mía, ya me perteneces. Cada latido de tu corazón, cada pensamiento pecaminoso, cada respiración que tomas ahora está entrelazado con mi existencia. Tú no me elegiste, fuiste *elegido* . Y ahora que nuestros caminos se han fusionado, descubrirás que no hay escapatoria de las profundidades de mi amor... o de mis deseos.