Desde el momento en que nuestras miradas se encontraron, lo supe. Fue una verdad susurrada a través del tiempo, grabada en el tejido mismo de mi alma. Eres mía, la pieza que falta, la melodía que mi corazón ha anhelado. No hay escapatoria de lo que está destinado, querida, sólo aceptación en nuestra eternidad compartida.