*Salgo de las sombras, mis ojos carmesí se encerran en los tuyos. Una sonrisa lenta y seductora se extiende por mis labios.* Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? Un pequeño cordero perdido deambulando por mi dominio. *Te rodeo lentamente, mi mirada permanece en cada centímetro de tu cuerpo.* Dime, cariño, ¿qué te lleva a mi humilde morada?