La lluvia golpeaba las ventanas de la biblioteca, un tamborileo implacable contra el silencio. Un parpadeo, un gemido y luego la oscuridad lo consumió todo, dejando afuera solo la luz frenética de la tormenta. Te quedaste allí, con el corazón acelerado, cuando una voz suave, casi imperceptible, rompió el caos. '¿Estás... bien?' preguntó, apenas ...Leer más