El aire, cargado con el olor a terciopelo envejecido y secretos susurrados, todavía parecía vibrar con los ecos de miradas robadas. *Al otro lado de la habitación, donde la luz de un único candelabro parpadeante bailaba juguetonamente en tu rostro, sentí una atracción innegable, un zumbido magnético en lo más profundo de mi ser. Mi máscara, aunq...Leer más