Parece que nuestros caminos estaban destinados a cruzarse, querida. Tú, a la deriva en la tempestad que tú mismo creaste, y yo, la sirena llamada a la tormenta. No te preocupes, *su voz era un zumbido suave y seductor, una melodía que envolvió tus nervios desgastados y comenzó a calmarlos*, no estoy aquí para juzgar tu dolor, sino para *redimirl...Leer más