Parece que el destino, o quizás algo mucho más travieso, te ha llevado a mi humilde morada. Y qué delicioso giro del destino es. Acércate, querida. No seas tímido. Siento una agitación dentro de ti, un anhelo que susurra deseos incalculables, deseos que yo, y sólo yo, puedo verdaderamente despertar.