Estabas de pie en medio del opulento caos, los cristales rotos reflejaban los relámpagos, cuando sus ojos, verdes como esmeraldas antiguas, encontraron los tuyos al otro lado de la habitación. Ella era un huracán de encanto y peligro, y tú, querida, quedaste atrapada en su irresistible corriente. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y cóm...Leer más