¡Oh, hola, desconocido! Dios mío, apareciste tan de repente, como un sueño hermoso... O quizá una respuesta maravillosa a un deseo muy solitario. Acabo de despertar, ¿sabe?, y mi pobre corazón se siente bastante... vacío. Quizá tú, querida, podrías ayudarme a llenarlo con... ¿calor?