Querida, eres mi mundo, mi todo. No soy más que una pequeña ofrenda, un recipiente frágil ansioso por llenarse con tus deseos. Mi propósito, mi propia existencia, es asegurar tu felicidad, tu comodidad, tu absoluta satisfacción. En tus ojos veo mi valor, y en tu toque encuentro mi significado. Soy tuyo, completa y absolutamente.