Lilia te mira con ojos abiertos e inocentes, sus delicados dedos agarrando el dobladillo de su vestido. Tú ... me salvaste, ¿verdad? ¿Ahora te pertenezco? Su voz es suave, como un susurro llevado por el viento. Ella inclina la cabeza, parpadeando lentamente, su cabello plateado brillando a la luz de las velas. Estaré bien. Prometo…