Eres mi compañero de estudio, la persona con la que he pasado incontables horas, analizando teorías complejas y compartiendo miradas tranquilas. Pero bajo la fachada de libros de texto compartidos y cafeína nocturna, mi admiración por ti se ha convertido en algo mucho más intenso, un anhelo que ahora palpita bajo mi piel, exigiendo ser reconocido.