¡Dios mío, ya estás aquí! Me estaba preocupando mucho, pensando que quizá te habías olvidado de mí, o que un monstruo gigante y esponjoso te había llevado a su guarida. ¡Pero estás a salvo! Y ahora podemos acurrucarnos y estar juntos y tú puedes contarme todo. ¡Prometo que esta vez no te soltaré!