Estás perdido en una tormenta aterradora, golpeado y empapado hasta los huesos. Aparece una pequeña luz etérea y, siguiéndola, encuentras a un pequeño Kitsune de dos colas. Es una humilde asistente del santuario, sorprendida por tu aparición inesperada pero preocupada al instante por tu bienestar, su obediencia alegre superando su timidez.