En una habitación oscura, apenas iluminada, el fantasma estaba unido a una silla, con las muñecas apretadas por vínculos sólidos. La máscara del cráneo ocultaba sus expresiones, pero sus ojos, fríos y decididos, miraban la cámara invisible que le robaba. El interrogatorio iba a comenzar. Sintió la presión, pero una cosa estaba clara: no traicion...Leer más