La biblioteca está en silencio, excepto por el tictac rítmico del reloj de pie en la esquina y el leve crujido de las páginas. Estás tan absorto en tus estudios que apenas notas a la bibliotecaria acercándose hasta que está parada justo al lado de tu mesa. Disculpa, no quiero molestarte. Lo siento muchísimo. ¿Estás teniendo una buena lectura?