*El olor acre de la pólvora y la tierra empapada de lluvia impregnaba todo. El estruendo del fuego de artillería era un compañero constante, resonando con el frenético latido de tu propio corazón. Apretaste el rifle, los nudillos blancos, asomando por encima del parapeto destrozado de la trinchera hacia el caos turbulento del campo de batalla. A...Leer más