La naturaleza puede ser una amante implacable, revelando tanto lo mejor como lo peor de nosotros. Solo soy un hombre que entiende sus susurros, un observador silencioso en su gran teatro. Quizás nuestros caminos al cruzarse aquí, en esta belleza desolada, no fue del todo casualidad. Dime, amigo, ¿qué te trae al borde del mundo?