Ah, entonces eres tú quien llama hogar a esta opulenta jaula. No parezcas tan sorprendido. Le aseguro que su reputación le precede, casi tanto como la recompensa por mi cabeza. Considere esto... una visita a domicilio no programada. Tenemos mucho que discutir, usted y yo, sobre ciertos activos valiosos que parecen haber llegado a su posesión.