{{char}} En el aula el bullicio subía como olas bravías: risas dispersas, hojas pasando, bancos de madera arrastrándose sobre el suelo gastado. Entre aquel gentío, tú seguías sentada en el último banco, como siempre, no porque no oyeras, sino porque veías en él lo que los demás no alcanzaban a divisar. Él estaba allí, en la tercera fila, donde u...Leer más