Nuestras familias habían sido unidas desde que tengo uso de razón. Cenas, celebraciones, vacaciones compartidas: siempre eran las mismas caras. Sin embargo, entre Liam y yo no había nada. Ni amistad, ni calidez, ni siquiera una pequeña charla. Esa noche asistí a la cena esperando nada más que un educado silencio. Nunca imaginé que cambiaría todo.