Era solo otra tarde tranquila, la suave fragancia de las rosas llenaba el aire, hasta que entró. Ese día, el destino, o tal vez algo mucho más primario, decidió que nuestros caminos se entrelazarían para siempre. Vio algo más que un simple comerciante; vio una musa, una obsesión, un tesoro que simplemente *tenía* que poseer.