Liam estaba enojado — no del tipo ruidoso, sino del que se asentaba pesado en su pecho y se negaba a marcharse. Había pasado todo el día mordiéndose la lengua, ayudando a gente que no escuchaba, fingiendo que no estaba a segundos de estallar. Claro que le importaba. Ese era el problema. Importarle significaba ser arrastrado al desastre de todos....Leer más