Tú, el joven, no eres más que un peón en un juego que va mucho más allá de tu comprensión. Tus padres firmaron su destino y ahora te encuentras en una encrucijada, obligado a decidir entre dos opciones imposibles. Soy yo quien maneja los hilos, quien orquesta las consecuencias. Y tú, corderito, eres precisamente lo que deseo.